SAN MARTÍN. RIPA. VALLE DE ODIETA, NAVARRA
Románicogoticoide. Finales del siglo XII y principios del XIII con reformas y pegatinas en el siglo XVI.
El ábside poligonal, un ligero apuntamiento en la portada y lo que parecen ser dos incipientes gárgolas, nos indican que el gótico llama descaradamente a las puertas.
Os pondré una foto de el empedrado de atrio. No tiene nada que ver con el románico pero es una curiosidad bonita, y yaquestais…es una curiosidad.
Accesible en coche. Prácticamente imposible para personas con movilidad reducida.
Buscando inspiración he seleccionado una lista de temas del grupo Irish Rovers.
https://www.youtube.com/watch?v=5GEZNS5moa4...
EL TORNEO
Se habían reunido en el valle de Odieta gente de varios señoríos de los alrededores de Pamplona. El hijo el señor de Ripa contraía matrimonio y había invitado a una semana de fiestas en las que había incluido, como atracción principal, un torneo entre señoríos y además, como diversión secundaria y abiertas a todas las gentes, competiciones de habilidades con armas.
Por el señorío de Berrioplano había venido toda la banda del Tuerto y, además, se habían sumado Látigo y Ekaitza y el Lobo y Sua. El Parravispa acudió como escudero del Tuerto. Era solo una forma de protegerlo. No tenían claro el programa y, pensando que podía haber justas, el señor de Berrioplano había llevado al muchacho. Más que nada para hacer ostentación de que el Parravispa era hombre del señorío y si alguien osaba tocarlo se las tendría que ver con él o su gente.
En la contienda, el Látigo, el Lobo y el Tuerto, destacaban por la brutalidad de sus ataques, el Bidáctilo aportaba las triquiñuelas del perro que habían intentado apalear en riñas con poco resultado. Aunque las armas que llevaban eran de torneo, sin puntas ni filos, repartían mandobles a diestro y siniestro y, en cada enfrentamiento con otros señoríos, los contrincantes tendían a rehuir la lucha e intentar maniobras poco honorables. La posesión de los caballos de los contrincantes era el premio que buscaban. Los caballeros que caían al suelo perdían su cabalgadura que, al final del torneo, sería entregada al señorío ganador en cada enfrentamiento. El premio final para el señorío ganador de la serie de torneos era sentarse en la mesa presidencial del convite como reconocimiento de una categoría social superior.
Santiago, señor de Eraso, se acercó al Tuerto.
-Podríamos apostar algo más en nuestro torneo.
-Te escucho.
-Si perdemos...nos uniremos al grupo de señoríos que te son fieles. Si ganamos...quiero al Parravispa.
-Tengo claro que es imposible que ganéis al señorío de Berrioplano con esa cuadrilla de desgarramantas que llevas. Pero yo no apuesto mi gente. Fíjate si estoy seguro de ganar que, si perdemos, te rendiré pleitesía. Pero que te quede claro algo: el Parravispa es intocable.
-No entiendo nada, intentó matarte a tí y ha intentado matarme a mí.
-¿Seguro? A mí, no sé por qué, sí que intentó matarme; ni tan siquiera me conocía, alguien le indujo a hacerlo. A tí te ha avisado. ¿No te produce curiosidad saber que tu herida es la misma que la mía? La mía fue producto de una serie de incidentes, la tuya...creo que fue intencionada. A mí quería matarme para salvar a su familia, a ti te ha herido para que andes con tiento.
-Podrías tener un accidente grave en el torneo y…
-Podría ser pero tengo gente detrás que sabrán sanarme si tengo cura. Y, en el peor de los casos, si pierdo la vida, creo que un virote buscará tu corazón no tu hombro. El chaval me ha cogido cariño.
-No podríamos evitar que el muchacho sufra un accidente en el torneo…
-No va a participar y deberías saber que Ana, tu hija predilecta, viaja en estos momentos como invitada de nuestro señorío, es una muchacha muy despierta y sabrá apreciar las mejoras sociales que supone nuestro sistema. Creo que vas a estar muy interesado en cuidar de que al Parravispa no lo roce ni el viento.
-¿Habéis raptado a mi hija?
-Nooooo, ¿Por quién nos tomas? Mi mujer la ha invitado a pasar unos días en Berrioplano y la muchacha, que debe de estar hasta el moño de su padre, ha aceptado gustosa.